El criadero

El criadero de Yacaré Porá constituye un modelo de inversión que permite tanto el desarrollo de las especies autóctonas como la producción económica local, integrando el entorno y la comunidad a un proyecto que genera recursos de largo plazo.

Las instalaciones se dividen en cuatro módulos con una capacidad de entre 24.000 y 30.000 animales para crianza. Cada espacio fue desarrollado teniendo en cuenta las necesidades específicas y las distintas etapas de su desarrollo. Aquí los yacarés son alimentados y preparados para su desarrollo y reinserción al hábitat, en un entorno respetuoso y cuidado.

Incubación

Los huevos recolectados se acomodan en cajones de incubación; cada nido es numerado y trasladado a la incubadora, donde pasarán entre 60 y 80 días desarrollándose bajo condiciones óptimas de temperatura y humedad. En cada registro se asienta toda la información específica, generando así una trazabilidad que permite constatar datos tales como la identificación de los nidos y el destino final de cada ejemplar. Para que este proceso resulte exitoso, cada caimán recibe una marca en su cola que representa el año de nacimiento y el nido al que pertenece.

Nacimiento

Luego de casi tres meses, comienza el momento más esperado: los pichones rompen con fuerza el cascarón y son recibidos por quienes cuidarán de ellos. En muchos casos, los caimanes necesitan de ayuda para completar su proceso de nacimiento y son asistidos por quienes trabajan en Yacaré Porá. De este modo, la ruptura de los huevos se convierte en una ceremonia que celebra la vida de la especie y corona el éxito de las tareas de recolección e incubación realizadas.

Desarrollo

Una vez que nacen, los pichones son marcados, pesados, medidos y alojados en piletones de cemento que durante el invierno se mantienen calefaccionados. Se los engorda con un alimento balanceado elaborado en la estación de cría, con lo que se obtiene un crecimiento más de diez veces superior al natural.

De regreso al hábitat

Al finalizar el período invernal una proporción de los juveniles es devuelta al medio silvestre entre los meses de octubre y diciembre con todo un verano por delante para adaptarse a su hábitat natural.

De esta manera, es posible devolver a la naturaleza una parte de los ejemplares nacidos y destinar otra a la etapa de aprovechamiento.